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martes, 22 de marzo de 2011

Elizabeth y Hamlet


Este razonamiento vino a propósito de un largo viaje a cas en bus y una canción de Oasis llamada “The Masterplan”. Es imposible no apreciar las similitudes entre la reina protestante y el personaje literario más famoso de esa época. Para comenzar encontramos varias similitudes en sus personalidades y circuntancias: Ambos son príncipes protestantes, con un alto nivel de educación (excepcional para una mujer en el caso de Elizabeth), muy inteligentes y reservados.

Además los dos perdieron a uno de sus padres por culpa de un familiar cercano y a su manera son perseguidos por el fantasma del padre muerto, si bien en el caso de Elizabeth I puede interpretarse como la causa protestante de su madre. También es notable que ambos deben disfrazar sus sentimientos y fingir para cumplir sus objetivos, como la locura o el rechazo al matrimonio.

Si nos metemos de lleno en la trama podernos encontrar una relación entre los personajes de la obra de teatro y personas de la vida de la reina: El amigo fiel: Horacio/W. Cecil, el amante utilizado: Ofelia/R. Dudley, el enemigo natural: Laertes/María Estuardo, el cortesano traidor: Polonio/El Duque de Nortfolk; la amenaza extranjera: Fortimbras/Felipe II y el antagonista declarado: Claudio/María Tudor, quienes veían a Elizabeth I como una amenaza y quisieron matarla, mientras el papel de la víctima sería de Gertrudis/El pueblo de Inglaterra. Engañado y utilizado hacia el cual Hamlet muestra un celo protectivo, como la reina. Si bien encontré estas similitudes y hay más, el final de los personajes es lo que más los distingue.

Hamlet muere en medio de una carnicería por su agresiva y masculina venganza, mientras la reina virgen muere tranquilamente en su cama a la vejez por su sabia y femenina diplomacia. Es indudable que ambos han pasado a la historia, aunque hasta ahora nunca se los ha visto juntos, como caras de una misma moneda.

Hamlet (Losing my Religion)

Hamlet es la figura con la que inevitablemente todo el mundo que se encuentra mientras merodea el mundo cultural. Es el personaje más famoso de William Shakespeare, sin contar con Romeo y Julieta, y el más enigmático, porque a pesar de que ha sido analizado y diseccionado hasta la saciedad, siempre le queda un resquicio de misterio que lo vuelve fascinante.

Yo lo conocí por influencia familiar, por un libro olvidado de portada atrayente, que alguna vez leí en la casa de mi abuelita sin entenderlo porque era muy niña. Luego volví a encontrármelo en la secundaria, cuando me dediqué a leer Shakespeare por Ricardo III y lo utilicé como tema de un ensayo.

En estos días ha estado rondando mis pensamientos por el documental que escuché el otro día, así como la relación que le inventé con la canción de R.E.M. y es que Hamlet es tan amplio que uno puede verse y ver lo que quiera en aquel personaje. Recuerdo que mientras estaba en la secundaria sentía que mis instintos maternales se identificaban con él como víctima, con el deseo de protegerlo. Pero ahora, y después de tantas cosas que han pasado, he superado esa etapa y ahora lo veo como alguien con un propósito y que medita cada acción antes de hacerla. Por eso el merece mi admiración como alguien que se sobrepone a las dudas y sentimientos, pero que finalmente actúa fríamente para cumplir con su cometido, excepto por Polonio.

Tal vez esa es la relación que le veo con la canción, ya que siempre que la escucho me hace imaginar la escena del convento con Ofelia, donde él trata de dominarse para decir cuidadosamente lo que quiere, aunque al final este razonamiento le traiciona y no puede contenerse. Pero definitivamente ese es el atractivo de este personaje, a quien a cada día puede surgir una nueva teoría para explicar su comportamiento y encontrarlo reflejado en nuestras modernas actitudes, así como en el pasado.