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martes, 22 de marzo de 2011

Alistair Campbell

El día de hoy decidí escribir sobre él, a propósito de un reportaje que salió en The Guardian, en el cual Alistair busca destruir la imagen que el público tiene de él. Lo conocí como la mayoría de gente, como el consejero cínico y con “Street Smart” de Tony Blair en "The Queen"

Pero mientras más aprendí sobre la política británica, más he notado el papel que jugó este personaje dentro del gobierno “New Labor”. No es un político de carrera, sino un periodista que se convirtió en uno de los spin doctors más importantes de su país, moldeando la imagen de los políticos sus decisiones.

Su estilo es inteligente y agresivo, lo que le valió ser parodiado como Malcolm Tucker en el programa “The Thick of It”, como el mal hablado spin doctor que abusa de los demás para conseguir sus propósitos. Es visible que Campbell resiente esta imitación y cualquier comparación con el personaje le pone a la defensiva. Yo creo que la razón de esto es porque en realidad es una persona sensible y depresiva, que admite que llora en público y que ha mostrado ser leal con sus amigos: Blair y a veces Brown.

Lo que considero es su mayor diferencia con Mandelson, el otro master spin doctor, es que no buscó tener poder y gloria personal, sino que mostró sus talentos en otras áreas: escritura, conferencias, artículos, etc. Por eso disfruto de sus tweets, post y sus esporádicas apariciones televisivas. Es bueno tener todavía cerca a esa voz cínica e inteligente que hace comentarios malosos en el rincón, si bien uno sabe que en el fondo son producto de la razón y el sentido común.

La Trilogía Blair

Acabo de ver “The Special Relationship” que junto con “The Deal” y “The Queen” cuentan la vida política de Tony Blair. Además de este tema común, en las tres películas Blair es interpretado por Michael Sheen, quien representa su papel de manera muy convincente, sin llegar a la parodia, hasta con la nerviosa sonrisa de gato de Cheshire. Pero a pesar de que las 3 películas tienen temáticas y personajes diferentes, a excepción de Blair y Alistair Campbell (quien siempre da el comentario sarcástico y cómico) todas llevan a la misma conclusión: Blair terminará traicionando a la otra parte, pero su imagen pública no se verá perjudicada.

El fin de todas estas películas podrá parecer noble: la victoria laborista, la salvación de la monarquía y el fin de la guerra en Kosovo, pero en realidad se reducen a una cosa: que Blair quede como la voz de la razón, como Campbell no dejará de recordarle. Lo peor de todo es que a pesar de todas la circuntancias, Blair mantiene esa imagen de “inocencia” que se muestra en su forma de hablar y gestos, lo que motiva a sus “antagonistas” a adoptarlo, sin percatarse de sus verdaderas intenciones, hasta el momento en que sienten el cuchillo clavado en la espalda. Pero como ninguna acción queda sin ser castigada, Blair se encontró con un manipulador más hábil que él: George Bush, quien en pocos meses se encargó de destruir su bien cuidada imagen pública con la guerra de Iraq, y que podría llevarlo a ser acusado por crímenes contra la humanidad.

En este punto creo que Gordon Brown, en la primera, La Reina Isabel II, en la segunda y Bill Clinton, deben odiarlo tanto como para unirse en un club de víctimas contra él. Aparte del cinismo, considero que Blair se muestra como un manipulador político que cree que actuó por el bien del país, aunque en su conciencia debe sentirse que es un traidor de todos quienes lo apoyaron en su carrera.